Hace algunos meses liberé mi primer artículo “¿Replicar comunidades o crear una propia?” y la
semana pasada volvimos a moverlo en redes. Con ese primer escrito inicié una serie de artículos
en los que quiero exponer otros ecosistemas y comunidades (diferentes a las más reconocidas). El
propósito es mostrar experiencias diferentes, pero igualmente exitosas.

Esta semana llegó la hora de hablar de Israel, más conocido como “the Startup Nation”.

Me anticipo advirtiendo que este ecosistema puede generar controversia en este momento actual.
Sin embargo, hago la aclaración que ni yo, ni @aproa_consultech nos inclinamos a favorecer
ideologías políticas, religiosas o sociales. Este artículo es objetivo, sobre cifras históricas y solo
pretende mostrar una historia exitosa de emprendimiento.
Hecha esta importante aclaración, la “Startup Nation” es una potencia mundial en emprendimiento.

Sin embargo, sus orígenes, sus problemas políticos, militares y geográficos hacen de este país y
sus comunidades un caso muy interesante de analizar.

Hay que resaltar que Israel como país fue fundado hace menos de 100 años (76 años
exactamente) y que cuenta con una población aproximada de 9.2 millones de habitantes (un poco
más de la población de Bogotá). No obstante, Israel hoy por hoy es considerado el país con la
mayor densidad de startups en el mundo. La inversión per-cápita de venture capital es 2.5 veces
mayor que en Estados Unidos, 30 veces mayor que en la Unión Europea y 80 veces más grande
que en China. Después de Estados Unidos es el país que más compañías tiene inscritas en
Nasdaq1.

Pero su historia no fue siempre así. El proyecto de la “Startup Nation” se remonta a la década de
los 90. Entre la fecha de su fundación 1944 y 1990, Israel sufrió problemas similares a los
que sufrimos países como los nuestros en vía de desarrollo. Estos son algunos de ellos: (i)
problemas militares2 y comerciales 3 constantes; (ii) periodos largos de hiperinflación; (iii) control
absoluto del sistema financiero por parte del gobierno; (iv) poco desarrollo en infraestructura; (v)
una geografía que hacía muy difícil el autoabastecimiento; y el (vi) hiperproteccionismo junto con
altos aranceles en importaciones.


Suenan conocidos estos problemas, ¿cierto?

Pues bien, a pesar de tener estos obstáculos, Israel no solo solucionó este problema en un periodo
muy corto (20 años). También dio un salto hacia el primer mundo. La explicación de este caso de
éxito es principalmente cultural y lo ilustra muy bien Ricardo Husmann, este catedrático de Harvard
explica que todos los países tienen problemas y restricciones. Sin embargo, Israel, a diferencia de
los demás países con historias similares, tiene una inclinación única a convertir sus
problemas en oportunidades.
Entonces, ¿qué fue lo que hizo bien Israel4?

4 Aclaro que podríamos dedicar mucho tiempo en hablar de una interminable lista de virtudes. Sin embargo, para el
propósito de esta serie de artículos nos vamos a enfocar en tres aspectos principales.

3 Del lado comercial, Israel sufrió en la década de los 70 un boicot de la liga de países árabes. Este boicot consistió en (i) prohibir a los 22 países que la componen adquirir productos o servicios que tuvieran origen israelí y (ii) prohibir productos o servicios de compañías que tuvieran relación comercial con productos o servicios de origen israelí.

2 En relación con sus problemas políticos, Israel geográficamente se encuentra ubicado en una zona del mundo en donde ha estado permanentemente en conflictos bélicos y comerciales con sus países más vecinos y con la denominada liga de países árabes.

1 The Startup Nation,The story of Israel’s Economic Miracle, Dan Senor & Saul Singer.


En primer lugar, reconocer sus problemas militares:

En Israel reconocieron sus conflictos militares, pero no vieron esto como un problema. Convirtieron
esa realidad en un instrumento para producir emprendedores masivamente y tecnología de niveles
superlativos.

En Israel el servicio militar es obligatorio para hombres y mujeres. Por esto, todos los jóvenes entre
19 y 22 años reciben preparación especializada en física, matemáticas, tecnología y estrategia.
Por si eso fuera poco, todas esas enseñanzas no las aplican en ambientes de prueba como
una universidad.
Lo hacen en campo, utilizando esos conocimientos para tomar decisiones que
involucran la vida de otros seres humanos, la posibilidad de una invasión, la precisión de un ataque
bélico o el desmantelamiento de un ataque cibernético.

Una vez terminan su servicio militar, los futuros emprendedores de Israel salen con unos
conocimientos técnicos que superan los conocimientos de cualquier emprendedor en otro lugar del
mundo. Generalmente, terminan utilizando todas estas experiencias para seguir desarrollando
tecnología de punta que no necesitan probar porque ya fueron testeadas en misiones reales.
Por otro lado, jóvenes de 19 años, que tienen contacto directo con situaciones reales, aprenden a
muy temprana edad una concepción del riesgo y el fracaso; que puesto en práctica dentro de un
escenario empresarial resulta bastante útil. Estas experiencias traen como consecuencia dos
resultados: (i) mayor resiliencia; y (ii) mayor tolerancia al fracaso, dos elementos esenciales a
la hora de emprender.

En segundo lugar, rompieron el paradigma de las estructuras jerárquicas.
La cultura occidental se edifica sobre una filosofía: “toda acción tiene una consecuencia
(positiva o negativa)” y es por esto por lo que las jerarquías juegan un rol muy importante. En
occidente, el hijo no cuestiona a su padre, el alumno no cuestiona a su profesor y por ende el
empleado no cuestiona a su superior.

Esta programación cultural supone que las instrucciones y las ideas fluyen de arriba hacia abajo; y
como las estructuras jerárquicas son piramidales, en la cúspide hay pocas personas, mientras que
en la base está la gran masa. Entonces la ecuación es simple: a menor número de personas
tomando decisiones, menor número de ideas. Sobre este tema, Adam Grant tiene un capítulo
dedicado a explicar este concepto en su libro “Originales: Cómo los Innovadores e Inconformes
mueven el Mundo”.

Pues bien, Israel nuevamente nos sorprende con una palabra que ellos denominan “Chutzpah”. En
resumidas cuentas, esa palabra es un arraigo cultural que habilita a cualquier persona (sin importar
su condición) a cuestionar una idea. Esto quiere decir que en este país las jerarquías no restringen
la libertad de las personas para expresarse y ser oídos. Si alguien tiene una idea buena es digna
de ser debatida. Al final, en Israel no importa el rango, estatus o profesión. Lo que realmente
importa es desarrollar y construir. Pero desarrollar y construir requiere de ideas e innovación y
eso solo se logra masivamente si todos piensan y todos aportan.

Con esto lo que pasó es que en Israel invirtieron la pirámide y por ende la ecuación: a mayor
número de personas, mayor número de ideas. Un libro recomendado para entender los beneficios
que esta filosofía tiene es “Creatividad, S.A” de Edwin Catmull.
En tercer lugar, perfeccionaron el pensamiento fuera de la caja.

Israel es un país con tres grandes desventajas competitivas. En primer lugar, cuenta con una
población escasa y por ende con un mercado interno muy pequeño. En segundo lugar, no cuenta
con aliados comerciales con sus países vecinos. En tercer lugar, su geografía es mayoritariamente
desértica por lo que no cuenta con fuentes de autoabastecimiento.
Cualquiera podría pensar que un país con esas características no tiene cómo prosperar. Sin
embargo, la Startup Nation nuevamente nos sorprende.

La baja población hace difícil tener un mercado interno desarrollado. Sin embargo, Israel no se
enfocó en el problema sino en la solución. En vez de pensar cómo solucionar su problema de
población, sus habitantes identificaron que era más práctico abrir sus mercados a los más de
8.000.000.000 millones de habitantes del mundo. Hoy en día la economía del país está apalancada
en su comercio exterior, y lo que es aún mejor, no dependen de una sola fuente de ingresos.
Cuentan con un sistema de exportaciones diversificado en 5 grupos: diamantes, tecnología,
instrumentos médicos, petróleo refinado e instrumentos de medición.

Sus socios económicos, las naciones más próximas a Israel, están en constantes conflictos bélicos
y los países que le siguen son la liga de los países árabes que en los últimos 70 años han
diseñado estrategias de boicot comercial contra Israel.

Así las cosas, cualquiera diría que Israel estaría en una Jaula. Sin embargo, la Startup Nation
nuevamente rompe el paradigma. No se enfocó en el problema. Entendió que para tener una
economía sólida tenía que trascender más allá de las fronteras. Para hacerlo, sus comerciantes se
enfocaron en producir bienes livianos y fáciles de transportar. Por eso son muy fuertes en
microcomponentes de tecnología y servicios tecnológicos.

Finalmente su geografía. El 60% del territorio de Israel es desértico. Sin embargo, si uno fuera
astronauta y viera desde la ventana de un transbordador su territorio, se daría cuenta que en toda
la mitad de ese territorio hay un punto verde que se llama Yatir. Yatir es un bosque artificial que
crearon los israelíes en 1960 y que hoy en día resulta ser una fuente importante de oxígeno para el
mundo entero.

Israel pues, nos demuestra con su historia que se puede salir adelante y crear ecosistemas de
emprendimiento autóctonos. Estas son para mí las mayores enseñanzas:
Autodiagnóstico. El primer paso es hacer un autodiagnóstico cultural, social, geográfico y hasta
político. Ese autodiagnóstico sirve para identificar dos factores determinantes: (i) qué problemas
son comunes dentro de una comunidad; (ii) en qué aspectos tenemos ventajas competitivas
respecto de otras comunidades.

Planificación. Una vez se identifican esos dos factores, las comunidades deben construir su
ecosistema sobre ellos. En el caso de los problemas, porque son fuentes abundantes de
innovación; en el caso de las ventajas competitivas, porque nos hacen diferentes de los demás y
eso nos permite identificar océanos azules. Y ojo, la tecnología no es el fin en sí mismo, es el
medio a través del cual se materializan esas fuentes de innovación y de producción.

Foco. Si se hace un autodiagnóstico y se planifica correctamente, no es necesario salir a imitar lo
que hacen en otras comunidades (por ejemplo Silicon Valley). Si el plan está claro y se avanza
conforme a esas ventajas competitivas, un ecosistema debe poder crecer orgánicamente y
sostenidamente. Puede ser que la gran conclusión es que la comunidad no es una
comunidad de crecimiento exponencial, pero eso no importa. El mundo y los mercados no
sólo necesitan compañías que crecen exponencialmente.

Cambio de mentalidad. La cuarta enseñanza es que podemos cambiar la forma como pensamos.
Colombia como Israel también es un país que tiene situaciones sociales, políticas y geográficas. Si
dejamos de ver estas situaciones como problemas y las convertimos en oportunidades, vamos a
encontrar esas ventajas competitivas.

Unidad. La quinta y última enseñanza es la necesidad de romper ese paradigma de “querer ser
siempre el primero en haber hecho algo” o ser el “número uno”. Competir no es malo, pero al
final el trabajo en equipo y articulado es el motor del desarrollo. Hay que abrir las puertas,
contestar una llamada de quien quiere ayudar o de quien necesita ayuda. Hay que oír las ideas y
darle oportunidades a quien las necesita. Decir que lo hacemos en un foro solo para mostrarnos
unidos no sirve. Hay que actuar

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